23 February 2017 13:52 PM



El sintoísmo, la religión autóctona de Japón

¿Qué es el sintoísmo?

El sintoísmo es la religión autóctona de Japón, es decir, las creencias de carácter sagrado que se han desarrollado únicamente en Japón y por tanto, no han venido del extranjero como el budismo o el cristianismo. Aunque el sintoísmo es una religión, con sus santuarios y sacerdotes, para la sociedad japonesa en general, el sintoísmo forma parte de su forma de vida diaria, como veremos más adelante, con lo que podríamos decir que se pierde un poco el concepto religioso mientras se vive más como un fenómeno cultural, propio del pueblo japonés. Quizás, para las personas de creencias occidentales o no creyentes esto puede ser difícil de comprender, pero como el sintoísmo forma parte de la cultura del pueblo, es posible encontrar personas en Japón que no se consideren religiosas o creyentes de ninguna religión y sin embargo, acudan alguna vez al santuario sintoísta por el simple hecho cultural. Y es que el santuario sintoísta es lugar no sólo de celebraciones religiosas, sino también, de celebraciones culturales y festivas de los japoneses. Entender el sintoísmo como una religión tal cual, sería no entender el sintoísmo, pues este va mucho más allá del simple concepto religioso. En mi opinión, sería algo similar al taoísmo y la cultura china, pues ambos evolucionaron de la mano durante siglos y eso ha configurado la cultura del continente chino. En Corea por su parte, las religiones animistas y el chamanismo no han llegado a calar en la cultura popular del modo que sí lo hizo el confucionismo. En Japón, sin embargo, la conexión entre el sintoísmo y la cultura popular japonesa es muchísimo más fuerte, tanto que, es difícil establecer límites y por ello no se puede hablar de una religión o una cultura, sino de una religiosidad cultural que impregna la identidad japonesa.

A diferencia de otras religiones, el sintoísmo carece de libro sagrado. Sí que existen textos antiguos, como el Nihon Shoki o el Kojiki que hablan en detalle de historias mitológicas relacionadas con el sintoísmo. Sin embargo, estos libros no se escribieron con la finalidad de adoctrinar a nadie, sino con otra diferente, la de legitimar el papel del Emperador y justificar la línea sagrada de este. El sintoísmo basa su vida en el santuario y en el uso que de él hacen las personas que van allí a pedir algo a las deidades consagradas, por tanto no necesita de cuerpo doctrinal alguno y digamos que es más libre en el sentido de interpretar las cosas. Tampoco hay en el sintoísmo la figura de un mesías, creador, hijo de Dios o ser espiritual superior como podría pasar con Jesús o Buda.

El sintoísmo como tal es una creencia japonesa, que pese a no ser nacionalista en origen, sí está unido a lo que son los japoneses, su tierra y su emperador. Es por ello que resultaría extraño que dicha creencia se extendiera más allá de sus fronteras o que extranjeros que no viven en Japón decidieran "abrazar" la fé del sintoísmo.

Sintoísmo viene de la palabra "Sinto" que significaría algo así como "el camino de los dioses" aunque en el mismo sintoísmo el concepto de Dios es muy diferente al de otras religiones donde se cree en algo todo-poderoso que ha creado el mundo. En el sintoísmo las deidades son muy diversas y variadas y reciben el nombre de "kami". Podríamos decir, que dichos kami son muy variados. Quizás los más antiguos sean los kamis de la naturaleza, donde un río, una piedra, una montaña, un árbol, puede ser considerado kami y por tanto, objeto de devoción, algo que tiene su origen en el animismo antiguo y más primitivo. Otros tipos de kami son los kami folclóricos, que son aquellos que proceden de los mitos, leyendas, supersticiones, etc. Los kami deificados serían, en tercer lugar, aquellos relacionados con personas que después de morir se han consagrado como kami. En este apartado estaría por ejemplo el Emperador Ojin, deificado como Hachiman, o Sugawara no Michizane, deificado como kami Tenjin. En cuarto lugar, encontramos los Kami de la mitología japonesa, como Amaterasu, Susanoo, etc. En quinto, los kami no tsukai, o mensajeros de los kami, que suelen ser animales tales como bueyes, zorros, etc. dependiendo del kami. También encontramos algunos kami de sectas religiosas de finales del periodo Edo, como Ushitora no Konjin, Tenchikane no kami, etc.Y por último encontramos, también, aquellos kami que son producto de las importaciones culturales, como podrían ser las siete deidades de la suerte (Benzaiten, Ebisu, etc.). Dicho esto, encontramos al final que el concepto de kami es muy variado, va desde el animismo a la deificación de personas pasando por mitos, creencias, leyendas y elementos culturales orientales. Todo un mundo de deidades bastante complejo para aquellos que quieren entender el sintoísmo desde un punto de vista occidental, o que se adentran por primera vez en su estudio.

El sintoísmo tiene una gran red de innumerables santuarios repartidos por todo Japón, siendo el Gran Santuario de Ise el más importante de todos ellos. El motivo es porque el Gran Santuario de Ise está consagrado a la deidad del Sol, Amaterasu, que fue en su época el kami protector del clan Yamato, origen , en teoría y según los mitos, de la familia imperial japonesa. Por lo que se reconoce al Gran Santuario de Ise como un lugar sagrado y dicho santuario como protector de la nación, haciendo así una relación interesada entre el sintoísmo, la nación y la familia imperial, siendo este lugar, por tanto, símbolo del pueblo japonés.

El sintoísmo era una religión organizada de forma comunitaria hasta la Restauración Meiji, cuando pasó a ser religión del Estado. Después, tras la derrota japonesa en la II Guerra Mundial, el sintoísmo paso a manos privadas y así se organizó.

Hoy en día los ritos sintoístas son dirigidos por sacerdotes sintoístas llamados kannushi y unas chicas solteras dedicadas a la labor del sinto que practican danzas sagradas llamadas miko. Pero antiguamente era el rey o emperador y su corte los encargados de hacer los ritos sintoístas dedicados al kami correspondiente para cuestiones tales como, pedir por una buena cosecha o la felicidad del pueblo. Este primer sintoísmo de la época Yamato es muy similar en usos y costumbres al que encontramos en los reinos coreanos como Silla antes de que se oficializara el budismo como religión de Estado (año 527), y que podemos observar en los libros antiguos como Samguk Sagi (historia de los tres reinos coreanos). No quiero decir con esto que el sintoísmo japonés tuviera su origen en la península coreana, sino que ambos pueblos compartían desde antiguo creencias muy parecidas, ya que se trataba de ritos animistas y chamánicos bastante primitivos que podrían formar parte de un substrato cultural mucho más amplio en Asia Oriental. Sea como fuere, el sintoísmo se desarolló en Japón como una parte religiosa y cultural del pueblo japonés, deificando como kamis a personas relevantes de Japón o aceptando ideas culturales del continente como hemos visto anteriormente en los tipos de kami que existen.

El sintoísmo y el budismo siempre han estado muy relacionados en Japón. En un principio, cuando el budismo llegó a Yamato, procedente del reino coreano de Baekje, la nueva religión sólo se quedó en las esferas oficiales y hubo cierto enfrentamiento entre ambas creencias. Finalmente, desde el s. VIII, el budismo y el sintoísmo convivieron en paz hasta tal punto que el propio budismo en su ideología sincrética religiosa, unió en cierta manera las dos religiones de tal forma que cuando en la Restauranción Meiji se quiso hacer una diferencia entre el sintoísmo y el budismo, se encontró con muchísimos problemas, y en muchos casos fuera muy difícil separarlos. Dicho sincretismo religioso podemos encontrarlo hoy en día en muchos templos budistas que albergan en su interior pequeños santuarios sintoístas, y viceversa. Todas las diferentes sectas budistas que se desarrollaron en Japón intentaron, de una manera u otra, unir el budismo con el sintoísmo. Bien dándole a los kamis la divinidad de un Buda o bien mezclando el culto a unos y a otros.

Sintoísmo y nacionalismo también han ido de la mano en la historia, especialmente cuando esta creencia se convirtió en religión de Estado tras la revolución Meiji. Se buscaba la legitimación del Emperador, que había estado relegado a un segundo plano durante las épocas del bakufu (gobierno militar samurái), y se encontró en el sintoísmo una religión que ponía al Emperador en el lugar adecuado. Lo primero que se hizo fue crear una orden por la cual se separaba el sintoísmo del budismo. En 1871 se otorgaron diferentes graduaciones a los santuarios sintoístas según la afinidad que tenían estos con la familia imperial, con una clara intención de regularizar el sintoísmo desde el Estado, teniendo al Emperador y a su familia como eje no sólo jerárquico, sino también religioso, uniendo así sintoísmo y Emperador bajo la misma idea de la nación japonesa. El 25 de abril de 1869, el emperador realizó un acto religioso de veneración a los kami, como se hacía en Yamato, de forma que suponía la unión entre religión y gobierno. Nadie podía debatir esta unión entre sintoísmo y Estado. En su libro "Breve historia de Japón", el profesor Mikiso Hane comenta: "Un profesor de la Universidad de Tokio sostenía que el culto sintoísta del cielo derivaba de una antigua práctica común en Asia Oriental, y que el festival de la cosecha, que según los sintoístas se celebraba en honor de la diosa Sol, era en realidad un festival en honor del cielo. Dicho profesor fue despedido por defender estas ideas".

Siendo el sintoísmo la religión del Estado no fue nada extraño que dicha religión se exportara más allá del archipiélago japonés por primera vez en su historia durante la época imperial japonesa. Así pues, se crearon santuarios sintoístas en Corea, Taiwan, en Dalian en China, en Shakalin en Rusia y en Palaos, todos ellos territorios bajo dominio japonés en la época imperial previa a la II Guerra Mundial. En Corea, por ejemplo, se construyó, entre otros santuarios, el Chosen Jingu, el santuario sintoísta más importante de Seúl, dedicado a consagrar a la deidad Amaterasu y al Emperador Meiji como una sumisión del pueblo coreano en la política de asimilación cultural japonesa, y para el culto de los japoneses residentes en Corea. Tras la caída de Japón en la II Guerra Mundial, los santuarios sintoístas fuera del archipiélago japonés fueron destruidos y la religión sintoísta volvió a ser parte únicamente del pueblo japonés.

Desde ese momento y hasta nuestros días el sintoísmo ha cambiado considerablemente, alejándose en gran parte del concepto político o nacionalista -pese a que hoy en día todavía haya lazos visibles en santuarios como el Yasukuni de Tokio-, lo cierto es que el sintoísmo se ha centrado más en la vida tolerante y cooperativa de las gentes de Japón, centrándose en el sintoísmo de santuario, siendo visible en los diferentes Matsuris -fiestas tradicionales japonesas-, y en el día a día de la vida social.

Hoy día el sintoísmo es una religión social, étnica, de armonía, unida intrínsecamente al pueblo japonés, pero abierta a la universalidad de los valores animistas que podemos encontrar en otras religiones o sociedades.

¿Puede un extranjero rezar en un santuario sintoísta? ¿Puede alguien extranjero sentir el sintoísmo como lo hacen los japoneses?

En mi opinión, un extranjero siempre será extranjero para esta creencia. El culto a los kamis es variado y una persona foránea podría encontrar cierta lógica en el culto natural a una montaña o un árbol, pero le resultaría extraño venerar a la deidad Amaterasu o al Emperador Meiji, o al Emperador Ojin como Hachiman. ¿Qué satisfacción o coherencia podría encontrar un extranjero rezando a un Emperador del que no conoce ni el nombre? Podría encontrar cierta lógica en la consagración de Sugawara no Michizane como kami Tenjin siendo este la "deidad de los estudios". Pienso que una mente occidental no puede ir más allá de conceptos como "deidad de los estudios" o "deidad de la cosecha" porque desconoce la historia y el trasfondo que envuelve a cada kami. Un extranjero debería aprender primero una base muy amplia de cultura, no sólo japonesa, sino de Asia Oriental para entender quienes son los siete dioses de la suerte y su significado. Para un extranjero sólo son "siete dioses de la suerte" a los que "rezar" en plan anecdótico. Un extranjero no formaría parte de la comunidad sintoísta, no participaría en las fiestas o matsuris como lo haría un japonés. Aunque el sintoísmo tenga cierto carácter global fácil de entender como los dioses "de la cosecha" o "el kami de la montaña", un extranjero sólo vería la punta de un iceberg muy grande que es al mismo tiempo una parte muy importante de la base cultural y social de Japón. Y en el caso de que dicho extranjero consiguiera comprender y participar de todo ello, al mismo nivel que un japonés, no sé si en ese punto, y llegado el caso, dicha persona podría ser considerada, moralmente, como "extranjera".

El sintoísmo es una religión étnica, unida a los valores sociales y culturales de los japoneses. Los extranjeros podemos verla desde fuera, intentar comprenderla, respetarla y como mucho, participar a modo anecdótico en algunas cosas puntuales como colgar un Ema en un santuario y escribir nuestro deseo, comprar un Omikuji para saber nuestra suerte o hacer algún tipo de peregrinación por templos con una intención más turística y fotográfica que realmente religiosa.

El sintoísmo es una dimensión cultural nueva para muchos, diferente, mágica, casi desconocida, y es muy recomendable que nos acerquemos a él para poder entender mucho mejor la complejidad de la sociedad y la cultura de Japón. En este sentido recomiendo la lectura del libro Sintoísmo, la vía de los kami, de Sokyo Ono, editado por Satori en castellano, donde podemos aprender todas estas cosas y muchas más en relación con el sintoísmo y la cultura del pueblo japonés.

  • Título: El sintoísmo, la religión autóctona de Japón
  • Escrito por:
  • Fecha: 11 Octubre 2016
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