19 January 2017 6:16 AM



Chōsen Jingū, el santuario sintoísta más importante de Seúl

Todo el mundo sabe que el sintoísmo es la religión autóctona de Japón. Una mezcla de creencias animistas, con deidades mitólogicas, humanas, naturales, etc. que componen un conjunto de creencias, supersticiones y sobre todo, estilos de vida, que forman parte de la esencia del pueblo japonés. Normalmente focalizamos el sintoísmo en Japón y cuesta creer que pueda existir más allá de sus fronteras. Pero durante el periodo colonial japonés en Corea, el sintoísmo se expandió por toda la península dando lugar a la creación de muchos santuarios sintoístas a lo largo y ancho del país. Quizás, el más importante de Seúl, fuera el Chōsen Jingū, un santuario que estaba dedicado a la diosa Amateratsu y al kami del Emperador Meiji, como muchos otros santuarios que se construyeron fuera del archipiélago japonés durante esta época imperial.

Y es que no fue Corea el único lugar donde los japoneses construyeron santuarios sintoístas. Otras regiones que habían caído bajo el poder del Imperio Japonés tuvieron sus santuarios sintoístas. Los más importantes, aparte de los de Corea, fueron los de Taiwan, el Kanto Jingu cerca de Dalian en China, en Sakhalin (Rusia), en Hawái o en Palaos. La gran mayoría de ellos construidos tras las guerras sino-japonesa y ruso-japonesa y posteriormente destruidos después de la derrota de Japón tras la Segunda Guerra Mundial.

Durante la época del Imperio Japonés, una época que podemos localizarla en la historia desde la reforma Meiji a finales del s XIX hasta el final de la II Guerra Mundial, el sintoísmo pasó a tener una importancia relevante, elevándose a la categoría de religión de Estado. Al ser una religión mucho más próxima al Emperador y la Casa Imperial, el sintoísmo se utilizó con fines nacionalistas, más allá de las creencias individuales y el estilo de vida de los ciudadanos japoneses. Así pues, en Corea, había santuarios sintoístas para los japoneses que venían emigrando desde principios del s XX en un proceso no oficial de colonización, y posteriormente, estos santuarios, con Corea ya anexionada como colonia japonesa, se convertirían en santuarios de ese sintoísmo de Estado de culto al Emperador y sometimiento a Japón. La diferencia entre el uso de los santuarios sintoístas antes y después de la colonización era evidente. Mientras en la primera época servían para las creencias de los japoneses residentes en Corea, durante la colonización servían de adoctrinamiento y subordinación ante el Imperio Japonés. ¿El motivo? Además de usarse como un proceso de asimilación cultural, la construcción de estos santuarios sintoístas ayudaban a la conversión de fieles entrando en competencia con la religión cristiana que comenzaba a propagarse de forma preocupante por parte de los misioneros cristianos en Corea y suponía un problema a la concepción de Japón y del Emperador. Por ejemplo, la catedral de Myeongdong se terminó de construir en 1898, tan solo doce años antes de que Corea fuera oficialmente colonia japonesa, por lo que fue durante esta época cuando se empezaron a construir las primeras iglesias y a propagar el cristianismo. Además, hay que advertir, que el cristianismo fue una religión que abrazaron muchos coreanos nacionalistas por lo que suponía una fuerte oposición al sintoísmo.

Santuarios sintoístas se construyeron en la península coreana desde finales del s. XIX siendo uno de los primeros el de Amateratsu en Incheon de 1883. Este de Seúl del que hablamos hoy data de 1925, cuando Corea ya era una colonia japonesa (1910-1945). Con la construcción de este tipo de santuarios, los estudiantes coreanos así como ciudadanos de a pie tenían que ir obligados a rendir culto al Emperador de Japón en actos patrióticos. Se calcula que al final de la época colonial había más de un millar de estos santuarios repartidos por toda la península.

El Chōsen Jingū estaba en el monte Namsan, y se podía acceder hasta él desde el área de la puerta Namdaemun. Contaba con una escalinata muy larga, conocida por los extranjeros como "los mil escalones", y se caracterizaba por estar construido al estilo del Santuario de Ise (shinmei zukuri). Un torii imponente y blanco daba la bienvenida desde abajo de las escaleras, mientras que arriba, en un llano en la montaña, se situaban los edificios.

Tras la liberación de Corea en 1945, se ordenó destruir todos los santuarios sintoístas del país. Algunos se desmantelaron rápidamente, pero otros como el Chōsen Jingū tardaron algún tiempo pues, aunque en desuso, existen fotografías de la Guerra de Corea que muestran que tanto las escaleras como algunos edificios del antiguo santuario aún seguían allí.

Tras la guerra el lugar se convirtió en un parque presidido por una enorme estatua del presidente Sygman Rhee pero tras las protestas del 19 de abril la estatua se quitó y hasta hoy otros edificios y el Memorial a Ahn Jung Geun son los que están en el lugar.

Chōsen Jingū fue un santuario importante dentro de la etapa colonial porque fue la representación del uso del sintoísmo por parte del Imperio Japonés para someter a las colonias. Su visibilidad en la torre Namsan y su designación como culto al Emperador Meiji como ejemplo de sumisión al Imperio, lo hace estar en el primer lugar de importancia de los santuarios sintoístas de Seúl y quizás, de Corea.

Quizás lo que más me ha sorprendido son los dos grandes faroles de piedra que pueden verse en la primera foto, si nos fijamos en el tamaño de las personas, los faroles son enormes.

más fotografías del santuario:

  • Título: Chōsen Jingū, el santuario sintoísta más importante de Seúl
  • Escrito por:
  • Fecha: 24 Julio 2015
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